Laura
Natally Gómez
El-ella
El
aguapanelero comprende que varias de las problemáticas de nuestras sociedades
pueden empezar a modificarse si se le da la palabra a quien no la ha tenido
oficialmente; es lo que en algunos ambientes muy académicos llaman “discursos
subalternos” o “menores”. Esta entrada es la oportunidad de darle la palabra a
una joven que participó de mis clases hace un tiempo y quien decidió usar este
espacio para hablar de lo que piensa, siente, vive, comprende. El tema resulta
ser controversial en algunos escenarios por un tipo de moralismo que subyase en
nuestra formación de tipo familiar, social, escolar, laboral. Pero… en
ocasiones somos nosotros los que asumimos lo otro como peligroso y deseamos
suprimirlo, rechazarlo y hasta violentarlo con cualquier mecanismo legal. La
palabra esta vez es para Laura y después para quien quiera tomarla en esta
apuesta aguapanelera.
Gay,
maricón, mariquita, puto, joto, arepera, bollera, lesbi, machorra, homosexual y
cualquier termino que quieran para dirigirse a aquella persona que decidió amar
a alguien que tiene entre las piernas (o no tiene) lo mismo que él o ella; para
dirigirse a ese ser que se decantó por una respuesta a su amor, una que es
igual a sí mismo, y eso fue tildado de pecaminoso, de malo, de obsceno y de
cuanta cosa terrible pueda atravesarse por la mente humana (pecaminosa y mala
de por sí al no aceptar la diferencia y preferir eliminarla). Marilyn Monroe
decía: “no hay sexo incorrecto si hay amor en él”, pero al parecer decidirse
por alguien igual a ti es lo peor que puedes hacer, inclinarse por alguien con
el mismo cuerpo no es algo solamente malo, sino que es perverso, es inmoral y
es tan grosero que ofende a la mayoría (como no la ofende que parejas
heterosexuales se besen en los espacios públicos hasta límites tan íntimos que
no dejan nada a la imaginación).
Estamos
en una sociedad donde las personas forman más polémica por ver a dos hombres o a
dos mujeres besándose que por escuchar el modo en que los niños son asesinados
brutalmente; un país donde estamos acostumbrados a ver tanta violencia que
quizá un acto de amor de este tipo (con algo de valentía desde mi punto de
vista) es aterrador, es algo profano; nos sesgamos a decir que “eso es una cosa
antinatural”, crecimos creyendo que lo diferente era malo, que aquel o aquella
que es diferente no debe tener los mismos privilegios que quienes se sitúan
bajo rótulos de “normalidad”; crecimos y nos desarrollamos temiendo que algún
día esto pudiese pasarnos, porque sería deshonra, sería una condena fatal,
porque es preferible ser una persona “mala” a ser un maricón o una marimacha;
porque si eres malo o mala, puedes mejorar, pero si eres gay estás enfermo y
eres tildado de retorcido, inhumano, inexistente, incapaz de sentir.
No
quiero partir desde lo mal que se ve esto en la iglesia, desde los padres
chapados a la antigua, desde las familias que lo rechazan. Yo quiero verlo
desde el punto de vista de alguien a quien esto le ha dolido o le ha dejado
feliz. Muchas personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero,
intersexuales, etc., son víctimas del miedo y creo que no hay nada peor que
ello. Si eres privilegiado o privilegiada tu familia aceptará, incluso habrá
quienes dirán con cierto halo de sospecha que “siempre lo supieron” y que te
aceptan siempre y cuando no seas una loca (para el caso de los hombres) o que
no pierdas tu “feminidad” (para el caso de las mujeres).
Por
otro lado puede que tu entorno te haga la vida de cuadritos, que cada ser
humano te hable de lo mal que están las personas “raras” como tú, que querer a
un humano con el mismo pene o vagina que tú tienes es una aberración… y te
preguntas: ¿qué está mal conmigo?, ¿por qué yo? Y creo que se dejan llevar de
esas preguntas, porque asumen culpa, la culpa de ser como lo desean, están
coartadxs por un mundo lleno de prejuicios y no le ven salida, el hecho es que
siempre creen estar mal, creen que es la decisión incorrecta, muchxs chicxs se
suicidan, otrxs se deprimen, algunxs se lastiman, por el miedo que el peso de
una sociedad ha impuesto sobre ellxs.
Solo
es amor, solo quieres algo, no hay que detestar o mirar feo a aquel que
prefiere el chocolate al caramelo, es la diversidad lo que hace a este mundo
más rico, ver que este o aquel lleva la ropa de tal o cual manera,
maravillarnos con cada respuesta que no está en nosotrxs, ver que a quien es
diferente es ganancia no amenaza.

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